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crítica de ópera

Demasiadas sillas vacías para la interesante 'L’isola disabitata' en Les Arts

Palau de Les Arts Reina Sofía, 13 febrero 2021
Ópera. L’isola disabitata
Música, Manuel García
Libreto, Pietro Metastasio
Dirección musical y pianista, Carlos Sanchis
Dirección escénica, Emilio Sagi
Costanza, Larisa Stefan. Silvia, Evgeniya Khomutova
Gernando, Jorge Franco. Enrico Oleh Lebedyev
14/02/2021 - 

VALÈNCIA. Deshabitadas parecen nuestras ciudades a partir de cierta hora de la tarde gracias al comportamiento cívico de la mayoría en estos tiempos de pandemia. Les Arts, por su parte, sigue intentándolo todo, y procura raptar a la situación los peores momentos, para el encuentro feliz al final, del aficionado con la lírica. Sigue su programación en la medida de sus posibilidades con acierto y decisión, aunque a veces aparezca el teatro con demasiadas sillas vacías, como ayer sábado en el estreno de L’isola disabitata de Manuel García.

La historia de este valiente sevillano universal reconocido y aplaudido en su época, es realmente singular. Vinculado al teatro lírico desde joven, se inició como tenor cantando en los mejores teatros de Europa, y estrenando óperas de su amigo Rossini, como el propio El barbero de Sevilla. Fue profesor de canto, creando sus propias escuelas en Paris y Londres. Como empresario teatral fue requerido también en América, y es compositor de cerca de 40 óperas además de otras piezas musicales. 

Y ahora, 200 años después…¿quién conoce a García? Doble mérito, pues, para Les Arts al programar obras de los autores españoles olvidados, como hizo recientemente con Il tuture burlato de Martín i Soler, política que hay que aplaudir sin reservas, con independencia de que constituya una de sus imperiosas obligaciones. Quienes sí conocían a García, además de Rossini, eran Bellini quien presentó su Norma en 1831, el mismo año que Manuel García trajo su L’isola disabitata, y Donizetti su Anna Bolena. Mira por dónde, al trio belcantista por excelencia se le ha sumado un español.

García compuso esta ópera de cámara un año antes de morir, para los alumnos. Debía ser un profesor muy exigente, pues es obra que anota un registro vocal amplio para los cantantes, con abundancia de juegos para las escalas, ejecución de trinos y arpegios, que requieren gran precisión para el rítmo y la entonación. Es una ópera al estilo de la época, por su estructura, y por el canto melismático propuesto, que hace respirar al espectador el más muro ambiente belcantista. 

Foto: MIGUEL LORENZO / MIKEL PONCE

L’isola disabitata es comprometida por su dificultad, ortodoxa por su estructura, ingeniosa y graciosa por sus melodías y su color, curiosa por las incorporaciones de momentos de sabor español, sencilla por su duración, y estricta por su concepción tan solo para 4 personajes, y con acompañamiento musical confiado al piano en exclusiva. El ilustre literato Pietro Metastasio es el autor del libreto, obra de discurso fluido y elegante, de cierto interés teatral, y con inclusión de ciertos valores humanos. El texto fue tan valorado en su momento que cerca de una treintena de autores lo adquirieron para sus obras homónimas, como Paisiello, y el propio Haydn.

Las sillas

Las sillas vacías no solo se vieron el patio de butacas. La producción traída del teatro Arriaga y del Maestranza de L’isola disabitata, bajo la regia del veterano director Emilio Sagi, llena el escenario con un cúmulo de sillas amontonadas en la playa. Demasiadas sillas, -vacías también-, que se convirtieron en obstáculo físico para los cantantes, -como ya sucediera en La Cenerentola-, y que introdujo distracción y alejamiento de lo sustancial, como pasó en Il viaggio a Reims. Nada aporta a la dramaturgia ese asunto. Sobraron sillas y faltó imaginación. 

Faltó también frescura y sencillez para esta obra juvenil de color, y de cierta ingenuidad, incluso en el rebuscado vestuario lacado en circo adlib, que transporta a un extravagante botellón playero, completando así la falta de congruencia en lo escénico. Verdi ya alertaba del cuidado de las cosas de la escena, que deben más bien estar al servicio de la música, que a la búsqueda de otros asuntos ajenos. 

La dirección musical del jóven Carlos Sanchis, y su interpretación del acompañamiento al piano, fue muy profesional, y de lo mejor de la tarde. Supo aportar el aire belcantista, desgranó la estructura de la obra concretando la personalidad de las partes, estuvo atento a los cantantes, y dibujó y dotó a la perfección la entidad de ópera de cámara, con justeza y sin alharacas.

Centro de Perfeccionamiento

Los 4 solistas del cast son alumnos miembros del Centro de perfeccionamiento de la casa, -que antes tenía la suerte de llevar el nombre del enorme Plácido Domingo-, se entregaron a su labor con notable profesionalidad. De la mano de Sanchis, mostraron todos un rendimiento de muy aceptable nivel tanto en lo musical como en lo actoral.

El duo belliniano al inicio de la ópera de las dos protagonistas femeninas es una delicia, que interpretaron la soprano Larisa Stefan y la mezzo Evgeniya Khomutova. La Stefan es una soprano de agudos magníficos por brillantes y seguros, y con deficiencias en el resto de notas. Mejorará en la construcción de frases, en el aporte de brillo en la emisión, y en su proyección. Hizo una Costanza creíble en lo escénico, y defendió bien su difícil partitura, incluso el ‘Ah che in van…’ que entonó no sin cierta inseguridad. 

Foto: MIGUEL LORENZO / MIKEL PONCE

A su lado, la mezzo soprano Khomutova hizo una Silvia con buen equilibrio, aportando un canto cuidadoso. Su timbre es muy atractivo, y mejorará su rendimiento cuando gane cuerpo, y emita con decisión la voz. Excelente en las tablas, hizo un trabajo precioso con su ‘Che ostinato dolor’. Su amado Enrico, lo encarnó el barítono Oleh Lebedtev, joven poseedor de una voz clara, noble, y fresca, con buena transición a la voz de cabeza. Buscará para mejorar igualar la colocación en los pianos con el resto de notas, y utilizar los resonadores, que le están esperando. Bien hará en confiar más decididamente en su bella voz, ya que sensibilidad no le falta como se pudo apreciar en el ‘Perché fuggi?’, que da entrada al dúo con Silvia.

Interpretó a Gernando el tenor Jorge Franco, de línea de canto belcantista muy estilosa, demostrada con especial acierto y profesionalidad al inicio del cuarteto final con su ‘in queste braccia…’. Dispone de una voz de cierta robustez para un lírico ligero, y bello timbre, pero castigada por un cierto vibrato inadecuado que deberá evitar liberando la impulsión, pues le resta claridad en la emisión, y eficacia en la proyección, quedando rotas y veladas las partes de coloratura.

Manuel García es un superviviente de la isla desierta de los olvidados. A día de hoy todavía hay mucho por descubrir de la vida y la obra de uno de los más importantes estudiosos de la voz, y uno de los más prestigiosos de los compositores españoles de ópera. 

Ayer, en el Reina Sofía se ha dado un paso más en la buena dirección, poniendo sobre las tablas L’isola disabitata. Se trata de una ópera belcantista que lo tiene todo, ideal para espectadores principiantes, y para gente que quiere descubrir y disfrutar, pues su música es clásica, bella, interesante, intuitiva, y personalidad propia. El loable esfuerzo de Les Arts en la recuperación de lo mejor de nuestra historia merece una respuesta: que nadie se la pierda.

¿Y las sillas vacías? Se irán llenando poco a poco, con imaginación, esfuerzo, y trabajo.  

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